Contratar, sancionar, modificar condiciones o extinguir una relación laboral son decisiones empresariales. También son decisiones jurídicas, y conviene analizar sus consecuencias antes de ejecutarlas.
Hay decisiones laborales que parecen sencillas hasta que aparece la segunda pregunta.
La primera puede ser:
“¿Podemos hacerlo?”
La segunda suele ser bastante más interesante:
“¿Y qué ocurre si lo hacemos?”
Una empresa puede necesitar reorganizar un departamento, adoptar una medida disciplinaria, cambiar determinadas condiciones o extinguir una relación laboral.
Antes de ejecutar la decisión conviene estudiar algo más que el resultado inmediato.
La documentación
¿Qué hechos podemos acreditar?
¿Qué comunicaciones existen?
¿Qué antecedentes tenemos?
¿Qué documentación debería generarse antes de actuar?
El marco aplicable
Contrato, convenio colectivo, normativa laboral, situación particular del trabajador y antecedentes de la relación.
Una misma decisión puede tener consecuencias diferentes según el contexto.
El riesgo
No todas las alternativas tienen el mismo coste ni el mismo nivel de exposición.
A veces existen varias vías jurídicamente posibles y la cuestión consiste en determinar cuál encaja mejor con la necesidad empresarial.
El procedimiento
Tener razón y ejecutar mal una decisión no es una combinación especialmente recomendable.
La forma, los plazos y la documentación pueden ser tan importantes como el fondo.
Por eso, antes de adoptar determinadas decisiones laborales, conviene plantearse el escenario completo.
Tomar una decisión difícil puede ser inevitable. Tomarla sin conocer sus consecuencias, no.


